Calidad educativa, uno de los desafíos menos resueltos
El estudio, elaborado por Magdalena Lizardo Espinal con la colaboración de Marygracia Aquino, examina el período 2014–2024 y sitúa la calidad educativa entre los desafíos menos resueltos del acuerdo. Advierte que persisten diferencias entre el currículo establecido y las prácticas pedagógicas del aula, junto con limitaciones en el acompañamiento a las escuelas.
Publicado en 2026, el documento reconoce la generalización de la jornada escolar extendida, la expansión de la educación inicial y la atención integral a la primera infancia como cambios relevantes. También destaca la actualización curricular por competencias y las nuevas normas sobre formación y desarrollo de la carrera docente.
Sin embargo, la ampliación de oportunidades mantiene resultados desiguales. Persisten brechas territoriales y socioeconómicas, además de dificultades para que los estudiantes concluyan oportunamente los niveles educativos. La vulnerabilidad económica, la incorporación temprana al trabajo, el embarazo adolescente y las uniones tempranas afectan las trayectorias escolares.
Retos de la inversión
En materia financiera, el informe considera histórico el incremento del gasto educativo, que permitió expandir infraestructura, servicios y programas. Señala, no obstante, problemas de eficiencia, calidad del gasto y correspondencia entre las inversiones realizadas y las prioridades estratégicas del sistema.
La carrera docente presenta un balance igualmente contrastante. Mejoraron la regulación del ingreso, la formación inicial y continua y las condiciones laborales, pero siguen pendientes una articulación efectiva entre evaluación, incentivos y desarrollo profesional, así como mecanismos de acompañamiento que permitan convertir esos avances en mejores prácticas de enseñanza.
La gestión educativa conserva, además, una estructura centralizada. Aunque avanzaron la modernización administrativa y los sistemas de información, las regionales, los distritos y los centros disponen de autonomía insuficiente para responder a las necesidades de sus comunidades.
El propio seguimiento del Pacto enfrenta una debilidad fundamental: la ausencia de un sistema de indicadores oficialmente aprobado y de metas explícitas compartidas. Sus instancias han funcionado principalmente como espacios de seguimiento y validación, con capacidad limitada para impulsar ajustes oportunos.
Desafíos hacia 2030
El documento también pide considerar el impacto de la pandemia sobre los aprendizajes y la equidad. Para el período restante hasta 2030, propone concentrar esfuerzos en los aprendizajes fundamentales, la profesionalización docente, la coordinación institucional y la vinculación de la educación con las necesidades productivas.
El balance reconoce que el Pacto sostuvo consensos y dio continuidad a políticas, pero advierte que su efectividad dependerá de convertir esos acuerdos en resultados verificables dentro de las aulas y en oportunidades concretas para los estudiantes de todo el país.



















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