El crecimiento acelerado surte sus efectos y presiona los servicios básicos
La construcción de edificios residenciales y plazas de gran extensión es lo primero que salta a la vista al llegar a Verón-Punta Cana, gracias al auge inmobiliario que ha aupado su éxito turístico. Este dinamismo contrasta con lo que le espera al visitante que se adentra en su casco urbano. Allí hay estrechas calles entaponadas de doble carril, negocios hacinados que conviven con el polvo de calles sin asfaltar y edificios cada vez más próximos a empresas industriales.
Estos son apenas algunos de los síntomas de una expansión urbana que terminó excediendo la gestión de un distrito municipal carente de un plan de ordenamiento territorial cuyo anteproyecto, en fase final, se espera sea presentado el próximo 20 de mayo.
«Al crecer tan rápido, la capacidad de respuesta en términos de infraestructura turística no ha sido suficientes», reconoció el encargado de Planificación del Distrito Municipal de Verón-Punta Cana, Juan Carlos Sánchez.
Demanda de viviendas
La generación de empleos y la atracción de inversiones en la zona incentivó con fuerza la inmigración hacia Verón-Punta Cana desde Higüey, La Otra Banda y otras demarcaciones de distintas provincias del país, triplicando la población en poco más de una década.
Para el 2010, la población era de tan solo 43,982 habitantes que ocupaban unas 17,230 viviendas, con las piezas de cuartería o en la parte trasera de una edificación las unidades más comunes, representando 5,407 unidades. La realidad ahora es muy distinta; el censo del 2022 contabiliza a 138,919 residentes -un 215.85 % más – y hasta 59,828 residencias, predominantemente apartamentos (27,477 unidades).
«Aquí se está creciendo entre un 8 % y un 12 % en habitantes anualmente», aseveró el presidente de la Asociación de Desarrolladores y Constructores de la provincia La Altagracia (Adecla), Mario Betances.
La expansión vertiginosa de personas sobre el territorio es tal que las autoridades municipales dudan de esta cifra. Para Sánchez, deben superar las 150,000 personas y para el presidente del Consejo de Regidores, Uridy Marte, las 200,000.
Recientemente, el Senado aprobó una resolución sometida por el representante de la Altagracia en la Cámara Alta, Rafael Barón Duluc, para instruir a la Oficina Nacional de Estadística (ONE) un censo especial y exclusivo para esta provincia, y así contar con datos más cercanos a lo que creen es la realidad.
Precisar estos datos es clave para evaluar el presupuesto que necesita Verón frente a la demanda de servicios como la recogida de basura, la supervisión de más proyectos en construcción o el asfaltado de más de 1,900 kilómetros lineales de calles terciarias en sectores donde predominan las vías de tierra y caliche.
Pero no solo se trata de mejorar las condiciones de vida de los residentes, sino de garantizar la sostenibilidad de un destino turístico que concentra las visitas de hasta 700,000 turistas en un solo mes, además de propietarios y extranjeros que tienen allí su segunda vivienda.
Creciendo sin orden
Aunque la población creció, no todos han podido desarrollarse de manera equitativa. Esto se refleja en la ubicación de las viviendas, el acceso a servicios básicos y la calidad de parte de las edificaciones.
Durante un recorrido dentro y fuera del casco urbano de Verón, Diario Libre pudo observar numerosas construcciones de torres de apartamentos próximas a industrias, hormigoneras, estaciones de gasolina o negocios informales en condiciones de hacinamiento, lo que evidencia inconsistencias en el uso de suelo.
Históricamente, el otorgamiento del permiso de usos de suelo era responsabilidad de la alcaldía de Higüey. No ha sido sino hasta enero de este año, tras una resolución emitida por el Ministerio de la Presidencia para facilitar el cumplimiento del anteproyecto del plan de ordenamiento territorial, que ahora esas atribuciones pasaron directamente al distrito municipal, recordó Sánchez.
«La ley de municipios establece que, aunque los directores y vocales tengan las mismas funciones que los concejales y alcaldes de los municipios, tenemos que rendirles cuentas a ellos; esto creó una interdependencia que nos afectó mucho«, subrayó.
A esto se suma la tendencia de propietarios que lotificaron sus tierras sin planificación previa, expandiendo comunidades en gran parte del entorno turístico, reconoció el presidente del Consejo de Regidores, Uridy Marte.
«Como no ha habido un plan, algo realmente trazado con pautas claras sobre desarrollo urbanístico, las personas han vendido sus tierras y aquellos que se han ido trasladando a vivir para acá hacían su casa y un séptico», lamentó el regidor, quien advirtió sobre los riesgos ambientales y sanitarios.
Esto también permitió la construcción de viviendas vulnerables ante eventos climáticos.
De acuerdo con la ONE, el 20.95 % de las viviendas registradas en Verón-Punta Cana fueron construidas con materiales de baja calidad como zinc, tablas de palma, cartón, plywood y materiales de desecho. Además, el zinc estuvo presente en el 34.27 % de los techos registrados.
Impacto turístico
Del otro lado de esta realidad, están lo que las autoridades locales llaman «islas»: grandes condominios habilitados con todos los servicios para sus residentes, tanto para asegurar su plusvalía como para cobrar estos servicios de manera adicional.
«Aquí hay zonas que nosotros tenemos que pedir permiso para entrar; un archipiélago de comunidades y barrios cerrados que todos conectan a las pocas arterias que tenemos», describió Sánchez.
Como uno de los pioneros en el desarrollo inmobiliario turístico de la zona, Frank Rainieri, chairman of the board del Grupo Puntacana, deploró cómo algunos empresarios han construido «mastodontes» en áreas de Punta Cana que presionan servicios básicos tan encarecidos como el agua.
«No puede ser que cada uno quiera coger una finca, tirar caliche y decir que está haciendo una urbanización; eso no es posible», lamentó, tras tildar esa situación de insostenible.




















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