Mark Coeckelbergh, filósofo y asesor de la Comisión Europea, destaca la necesidad de actualizar los derechos de autor en la era de la inteligencia artificial
Durante el foro sobre el futuro de las artes en la era de la IA celebrado esta semana en Viena, el académico defendió el uso de estas herramientas en los procesos creativos, siempre que se combinen con la experiencia y la sensibilidad humanas.
En declaraciones a EFE, al margen del evento cultural Festival Nights, fundado por el violinista y compositor austríaco Yury Revich, Coeckelbergh afirmó que la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para los artistas, aunque también plantea retos regulatorios y éticos de gran magnitud.
Regular la inteligencia artificial
El experto, de 51 años, subrayó la necesidad de establecer normas claras para el uso de la IA, pese a la complejidad que supone supervisar una tecnología en constante evolución.
Según explicó, los sistemas diseñados para detectar contenidos generados por inteligencia artificial suelen provocar que los desarrolladores perfeccionen mecanismos para evadir esos controles.
«Los reguladores podrían terminar regulando a otros reguladores en una dinámica sin fin«, advirtió.
El reto de los derechos de autor
Coeckelbergh señaló que uno de los mayores desafíos está relacionado con los actuales modelos de derechos de autor, construidos históricamente en torno a la figura de un único creador.
A su juicio, la expansión de la inteligencia artificial obliga a replantear ese esquema para garantizar que todas las personas que participan en el proceso creativo reciban algún tipo de reconocimiento o compensación.
El filósofo también defendió el fortalecimiento de las licencias Creative Commons, que permiten compartir y reutilizar obras bajo determinadas condiciones sin necesidad de solicitar autorizaciones individuales.
Estas fórmulas, sostuvo, podrían contribuir a reflejar mejor el carácter colectivo y comunicativo que caracteriza a muchas expresiones artísticas contemporáneas.
Una IA ética y bajo control humano
El profesor de la Universidad de Viena insistió en que el desarrollo de la inteligencia artificial debe estar guiado por principios éticos y permanecer bajo supervisión humana.
«Debemos asegurarnos de que la sociedad no derive hacia un uso de la IA como instrumento de tendencias antidemocráticas«, afirmó.
Asimismo, defendió la importancia de diferenciar entre las obras creadas con ayuda de la IA y aquellas producidas exclusivamente por seres humanos, aunque consideró que el debate no debe centrarse únicamente en el origen de la creación.
«Deberíamos preguntarnos qué podemos hacer con ella, si aporta sentido o abre nuevos espacios para la imaginación», explicó.
La comparación con la música pop
Para ilustrar el fenómeno, Coeckelbergh recordó que cada nueva tecnología suele generar rechazo en sus primeras etapas, mientras que las herramientas anteriores terminan siendo percibidas como más auténticas.
Puso como ejemplo la evolución de la música popular. En su momento, numerosos compositores clásicos cuestionaron la legitimidad artística del pop, un género que hoy goza de amplio reconocimiento cultural.
Sin embargo, destacó que gran parte de la música pop de las décadas de 1980 y 1990 ya dependía de tecnologías innovadoras para su época, como sintetizadores, baterías electrónicas y samplers.
Actualmente, añadió, muchas canciones creadas con inteligencia artificial son vistas con desconfianza, aunque el debate recuerda a procesos similares ocurridos en otras etapas de la historia cultural.
Más artistas y más críticos
El académico alertó sobre el riesgo de caer en posiciones extremas frente a la tecnología.
«A menudo nos polarizamos entre una visión mecanicista y un rechazo total de la tecnología. Entre ambos extremos existen muchas posibilidades«, afirmó.
En su opinión, la expansión de la inteligencia artificial debería incentivar una actitud más crítica y creativa frente a los medios tecnológicos.
«Debemos ser conscientes de sus limitaciones y capaces de transformarlos de manera creativa. Si simplemente seguimos las intenciones de las grandes empresas tecnológicas, solo nos entretenemos, pero no hacemos nada más», concluyó.
- Doctorado por la Universidad de Birmingham, Coeckelbergh es autor de una veintena de libros sobre ética, política y tecnología, entre ellos AI Ethics (2020), The Political Philosophy of AI (2022) y Why AI Undermines Democracy and What to Do About It (2024)




















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