Salud mental, enfermedades crónicas, seguridad vial, educación y gestión empresarial figuran entre los principales temas de investigación
Una revisión de decenas de investigaciones defendidas recientemente en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), la Universidad Iberoamericana (Unibe), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) muestra que las principales líneas de estudio buscan generar evidencia o proponer soluciones a problemas detectados en hospitales, escuelas, comunidades, empresas y organismos públicos.
Este panorama cobra relevancia en momentos en que algunas universidades han sustituido las tesis por trabajos monográficos o permiten a los estudiantes elegir entre ambas modalidades. Sin embargo, las investigaciones siguen demostrando que, más allá de ser un requisito para obtener un título, constituyen una herramienta para generar conocimiento y aportar soluciones a problemas que afectan a la sociedad dominicana.
En el área de la salud predominan estudios sobre enfermedades de alta incidencia en el país, como cáncer de mama y próstata, enfermedad renal crónica, neumonía, diabetes, VIH, tuberculosis, leptospirosis, dengue y afecciones cardiovasculares. También abundan estudios sobre factores de riesgo, mortalidad, eficacia de tratamientos, calidad de vida y satisfacción de los pacientes.
La salud mental también gana espacio entre los intereses de los universitarios. Entre los trabajos revisados, correspondientes al período 2023-2025, figuran investigaciones sobre resiliencia en personas con adicciones, estrés percibido, conducta suicida en niños con enfermedades hematológicas, ansiedad, depresión y consumo de sustancias psicoactivas.
En educación, sobre todo en Intec, los trabajos de grado se concentran en mejorar la comprensión lectora, la alfabetización, el liderazgo escolar, la inclusión de estudiantes con necesidades especiales, el uso de tecnologías en las aulas y la participación de las familias en el proceso educativo.
Otras investigaciones en ingeniería, contabilidad y comunicación abordan temas como la seguridad vial en carreteras, la gestión logística de inventarios, la sucesión en empresas familiares, la gestión de recursos naturales, el cine dominicano y la construcción de identidad cultural.
Más allá de la calidad y pertinencia de estas investigaciones, el mayor desafío sigue siendo lograr que sus resultados trasciendan las bibliotecas universitarias y encuentren aplicaciones prácticas, en lugar de acumular polvo en una estantería que rara vez alguien consulta.
Aplicar la ética en la investigación
Ambos docentes coinciden en que el principal desafío de las universidades no es impedir el uso de la inteligencia artificial, sino enseñar a utilizarla de manera ética.
Jiménez sostiene que la IA debe emplearse como una herramienta de apoyo para localizar información, organizar ideas o fortalecer la redacción, mientras que la formulación del problema, la recolección de datos, el análisis de resultados y las conclusiones continúan siendo responsabilidad del investigador.
Cruz comparte esa visión y considera que ninguna herramienta puede sustituir la investigación de campo.
«Debe haber un híbrido entre buscar información en bibliotecas, hacer trabajo de campo y utilizar las IA como una guía, mas no debe ser un todo», afirma.
Sin embargo, para ambos académicos el verdadero desafío comienza después de la defensa del proyecto.
Las universidades producen cada año cientos de investigaciones que analizan enfermedades, procesos educativos, gestión empresarial o problemas sociales, pero muchas terminan archivadas una vez los estudiantes obtienen el título.
Para Jiménez, las universidades y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) deben avanzar hacia normas que regulen el uso responsable de la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, fortalezcan la calidad de las investigaciones.
«Algunas universidades han avanzado sobre eso, sin embargo, otras se han quedado bajo esquemas tradicionales de enseñanza que en nada ayudan a la obtención de nuevos conocimientos, sino más bien de repetición y memorización de contenidos», comentó.
Cruz entiende que también es necesario mantener el énfasis en el trabajo de campo y combinar la elaboración de tesis o monográficos con experiencias prácticas como las pasantías, de modo que los egresados lleguen al mercado laboral con una formación académica respaldada por la realidad profesional.
«La tecnología siempre va más rápido, más la realidad siempre supera la ficción. Fui juez de una tesis que se necesitaba un presupuesto y lo hizo con IA, el resultado fatal. No era nuestra moneda ni la realidad de nuestro mercado. También las IA fallan», comentó.
Reprobar una tesis es poco frecuente
Aunque la defensa de una tesis representa la evaluación final del proceso de investigación, reprobar este requisito de grado es una situación poco común.
Según el profesor Jiménez, esto se debe a que el trabajo pasa por múltiples revisiones antes de llegar al jurado.
«Son bajas las probabilidades de reprobar, porque el asesor hace correcciones y observaciones al estudiante durante toda la realización de la tesis«, detalló.
La calificación final depende tanto del documento entregado como de la defensa oral ante un jurado integrado por tres profesores.
De acuerdo con su experiencia, las notas más frecuentes oscilan entre 88 y 94 puntos y, cuando un trabajo presenta deficiencias, lo habitual es que el jurado solicite correcciones antes de emitir la evaluación definitiva. En sus tres décadas de docencia, hasta ahora, no ha visto a un estudiante reprobar su proyecto final de investigación.





















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